Existe libertad para cambiar de banco pero hay barreras que lo impiden o dificultan, se comenta en este reportaje. Cuantos más productos se tengan contratados, más se reduce la probabilidad de cambiar de banco. Cambiar una cuenta corriente es fácil, y el banco de destino hasta se encarga de asumir las domiciliaciones de los recibos. Para los productos de inversión tampoco es complejo; incluso un plan de pensiones tiene entre sus puntos fuertes el poder traspasarlo a otras empresas. ¿Qué ocurre con una hipoteca? Los préstamos con garantía hipotecaria se han convertido en el gran obstáculo para irse a otra entidad. La migración no sólo conlleva gastos, sino que ahora las condiciones ofertadas son en su mayoría peores que las que había hace años. Si se cambia una hipoteca a euríbor +1,50% a una a euríbor +0,50% y, además, hay que pagar gastos por ello, el cliente acaba obligado a “casarse” con el mismo banco. Además, se exige tener una cuenta corriente donde domiciliar los pagos. En el traspaso de hipotecas debe analizarse si se consigue un claro beneficio mes a mes. Si es así, se podrán compensar los gastos que siempre conllevan una subrogación hipotecaria.

Al margen de esta atadura indirecta, existe otra mucho más directa: firmar una vinculación a cambio de contraprestaciones. El cliente, muchas veces, ni siquiera se da cuenta. Un ejemplo son las cuentas corrientes en las que se recibe un ordenador, televisor o cualquier regalo por domiciliar la nómina. A cambio, exigen que esta se mantenga por periodos que generalmente llegan hasta los 24 meses. Al no hacerlo, habrá que devolver el contravalor monetario del producto según se refleje en el contrato. Lo mismo pasa con los traspasos de planes de pensiones que “dan” un porcentaje del dinero traspasado (generalmente un 3%). Esta operación está sujeta a que no se vuelva a traspasar el plan hasta transcurrido un determinado tiempo (de 18 a 24 meses como norma general). Desde que empieza la relación con el banco es necesario procurar no hipotecar la libertad como cliente. ¿Cómo? En primer lugar, optando por entidades cuyos servicios de forma global sean económicos. Y, a la hora de contratar un producto financiero tan importante como la hipoteca, no hacerlo a la ligera. Una práctica general es unirse al préstamo que el constructor ha negociado con la entidad. Esto debe hacerse si la oferta es beneficiosa y se necesita. Tampoco hay que cerrar la cuenta de golpe. Aunque la entidad de destino realice los cambios de domiciliación, muchas empresas de servicios tardan en ponerse al día. En el caso de traspaso de productos de inversión (fondos, planes), el banco que recibe los fondos es el encargado de gestionar el cambio. El proceso igualmente depende de la entidad de origen, pero no suele demorarse más de una o dos semanas.

Fuente: El País. Suplemento Negocios. Página 19. Domingo 10

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