El euribor a un año está a punto de incorporarse al club de los intereses negativos. Pero no es una incorporación cualquiera. En España, es la referencia para calcular el interés de las hipotecas a tipo variable, que son más del 90% de las que se suscriben. Y si alcanza tasas negativas (arrancó la semana a una centésima del 0%), las preguntas se suceden: ¿el banco tendrá que pagar intereses a la persona que le pidió un préstamo? O, de otra forma, ¿un interés negativo implica que la deuda con el banco disminuye?

En un crédito hipotecario a tipo variable las revisiones para ajustar la cuota mensual a las nuevas condiciones del tipo de interés se producen una o dos veces al año. La referencia es la media mensual del euríbor, y su aplicación suele tener un par de meses de retraso. Por ejemplo, si la media mensual de febrero del euríbor acaba en tasas negativas, esa referencia se utilizará en los créditos hipotecarios que se revisen en marzo, y su efecto se notará en la cuota mensual de abril. El interés de las hipotecas a tipo variable incorpora un diferencial. Entre 2007 y 2009, en ofertas con condiciones muy precisas, algunas entidades limitaron ese diferencial a entre el 0,17% y el 0,25%.

Es en esas hipotecas donde el interés podría llegar a ser negativo antes: para ello, el euríbor tendría que situarse entre el ‐0,2% y el ‐0,3% y compensar así el diferencial aplicado. Mientras el diferencial aplicado sea superior a la tasa negativa del euríbor, el interés de la hipoteca seguirá siendo positivo, aunque cada vez menor. Y la revisión de la cuota arrojará resultados similares a los de los últimos años: la cuota mensual bajará, pero todavía el prestatario pagará en ella una parte del principal de la deuda a devolver y una parte, menguante, en intereses. Si al sumar la tasa del euríbor al diferencial aplicado el interés resulta negativo, eso debería llevar al banco a disminuir la deuda pendiente, descontando el interés del principal que se amortiza en la cuota. Pero aquí entra en juego el contrato y la interpretación que se haga del mismo.

Salvo en aquellos con cláusula suelo, es decir, aquellos que establecen un interés mínimo obligatorio, aun cuando el resultado de sumar el diferencial al euríbor sea inferior, los contratos hipotecarios no contemplan el caso específico de qué ocurre cuando el interés resultante es negativo. Pero sí suelen establecer de forma explícita que es un contrato en el que el prestatario se obliga a devolver la cantidad adeudada y pagar un interés.

Las entidades ya se agarraron a la naturaleza de un contrato de préstamo —el prestatario paga interés, no el banco; el prestatario se compromete a devolver toda la deuda contraída— para negarse a reducir la deuda a clientes que habían suscrito hipotecas en otras divisas, como el franco suizo. En ellas, se aplican fórmulas distintas, que ya empezaron a arrojar intereses negativos en 2014. Esa interpretación llevaría a que los bancos apliquen un 0% incluso si el interés de la hipoteca acaba siendo negativo.

Fuentes del Banco de España aseguran que no han dado ninguna indicación a las entidades sobre qué hacer en el caso de los intereses negativos, ya que consideran que eso depende de la interpretación de los contratos, una función ajena al supervisor.

Si hay discrepancia, esa interpretación se dirimirá en los tribunales, como ya ha ocurrido con las hipotecas en otras divisas, con sentencias de distinto signo. En el caso de las cláusulas suelo, tras varios años de litigio, el Tribunal Supremo no consideró que su aplicación era ilegal, pero sí que, si no se había informado suficientemente al cliente sobre sus efectos, eso la convertía en abusiva, lo que lleva a su nulidad por falta de transparencia. Una sentencia que forzó que la mayoría de las entidades financieras las dejaran sin efecto.

Fuente: El País. Página 39. 4 medias columnas. 09/02/2016

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